domingo, 10 de junio de 2012

Los personajes de El Susurro del viento

¿De qué trata la novela? ¿Cuáles son los personajes principales y qué características tienen? ¿Qué temática envuelve la obra?

Estos son algunos de los aspectos que me propongo mostrar en esta y en sucesivas entradas de este blog.

¿Preparados para conocer algunos secretos de El Susurro del viento?

Bienvenidos a este viaje a las profundidades de mi novela. Si en algún momento vuestros miembros tienen la debilidad de temblar ligeramente, sujetaos fuerte a mi mano...prometo no dejaros solos en este asombroso recorrido por los oscuros pasillos de Casa Granadilla y por la complejidad de la personalidad de los personajes que en ella viven. Si ya estáis preparados....venid conmigo y asomaos a la puerta principal de la casa. Adelante...no tengáis miedo.

En esta entrada conoceremos las características psicológicas de los principales personajes:

Hemos llegado a Casa Granadilla en el viejo coche de una mujer introvertida y aparentemente vulnerable: Silvia Fábregas. Hemos bajado del coche junto a ella y ahora nos encontramos delante de la impresionante y austera casa solariega.
Inspeccionamos los alrededores con nuestra mirada. Todo un mundo de posibilidades se abre ante nosotros. Sentimos incertidumbre y la primera pregunta que invade nuestra mente es: ¿Quién vive en esta casa? ¿Cómo serán las personas que la habitan?
Las dudas nos producen una intensa sensación de hormigueo en el estómago. La puerta de la casa nos seduce con su inquietante mirada sibilina, invitándonos de reojo a entrar en su interior. Pero antes de hacerlo, nos volvemos hacia la joven licenciada en Psicología.
Es una mujer de aspecto agradable. Su belleza parece residir en su aparente humildad y sus ojos brillantes y serenos invitan a confiar en ella. No obstante, bajo el brillo nostálgico de su mirada, un sutil parpadeo nos hace pensar que se trata de una persona tímida, aunque seria y probablemente responsable: ¿demasiado quizá? La sencillez de su atuendo y la ausencia de florituras en su cuerpo juvenil, nos indican que es una persona más preocupada de ornamentar su mente que su físico. ¿Buena lectora y amante del conocimiento? Así podríamos deducirlo si, tal y como pretendemos, somos buenos observadores.
La mujer, introvertida, recelosa y poco amiga de fiarse de las primeras impresiones, suspira fuertemente mirando el pomo de la puerta que se dispone a abrir. Se enfrenta a una nueva situación y por eso su corazón late ,agitado, en su pecho. Tiene miedos, pero prefiere enfrentarlos a huir de ellos. En ocasiones la invade el desánimo, y la tristeza y el sentimiento de soledad la hacen vulnerable, pero es más fuerte de lo que cree y lucha con fiereza para salir de esos estados de abatimiento. Sonríe y se da ánimos: ¡puedes hacerlo!, se dice. Extiende la mano y llama al timbre de la puerta.

En el interior, Jacinta abre la puerta. Es una mujer menuda, que se encarga del cuidado de la casa y de su dueña, y que sonríe abiertamente cuando nos ve delante de ella. La sobriedad de sus ropas discrepa con la cordialidad de su recibimiento. Luce un moño, exageradamente estirado. Parece una mujer serena, sociable y comunicativa. Sin vacilar, nos invita a acompañarla al interior de la casa.
Ahora que estamos dentro, podemos observar la ocuridad vacilante que atesora las estancias. Desde donde nos encontramos, ya podemos atisbar la amplitud y la circunspección que parece salpicar todo cuanto nos rodea. No obstante, la amabilidad de Jacinta impide que nos sintamos incómodos. La sonrisa y la voz calmada y dulce de la mujer, producen un efecto sedante y casi seductor.

Mientras hablamos con Jacinta, somos bruscamente interrumpidos por un hombre alto, fuerte: de una corpulencia abrumadora. Jacinta nos lo presenta como Félix. Es el encargado del mantenimiento del hogar y del jardín.
Nos lanza miradas a hurtadillas, pero se muestra incapaz de dirigirnos una mirada abierta y directa. Nos aprieta la mano de una manera torpe, como si no estuviera acostumbrado a mostrarse en sociedad y como si ese tipo de gestos le abrumaran en exceso. Se muestra retraído y reservado. Rehúye el contacto y en cuanto puede, se aleja por el pasillo dando grandes zancadas.
Su breve presentación nos ha producido una especie de resquemor. ¡Qué persona tan extraña!, nos decimos, pero guardamos silencio...no hay que olvidar que somos recién llegados en la casa y que aún es pronto para emitir una opinión firme sobre ese hombre tan robusto como un roble. Sin embargo, la primera impresión que nos produce es la de que se trata de un hombre arisco y hermético. ¿Será realmente así?

Cuando Jacinta nos conduce a la planta superior y golpea con sus finos nudillos la puerta de la biblioteca en la que se encuentra la propietaria de Casa Granadilla, nos encogemos de hombros. Sentimos cierto vértigo, pero simulamos serenidad. Sonreímos, aunque nerviosamente.
Julia Arjona es una anciana que se encuentra postrada en una silla de ruedas. Padece artrosis y una terrible fotosensibilidad. Sin embargo, ni los años ni el dolor han logrado reducir a polvo su belleza.
Sus agudos y perspicaces ojos nos indagan en la semipenumbra del cuarto. Se muestra altiva y pronto nos deja entrever quién manda en esa casa. Nos dicta una serie de interminables y aparentemente incompresibles normas de convivencia: normas tan estrictas que mientras nos las dice, casi tememos que el sonido de nuestra respiración pueda incomodarla o interrumpirla...pues aunque aún es pronto, algo nos dice que podría reaccionar de un modo cólerico y brusco.
Así es Julia Arjona: una mujer quisquillosa, caprichosa, desconcertante, de humor voluble, quejicosa, huraña, insondable e impredecible. Es una mujer a quien a menudo le traicionan los modales. Pero lo que más nos ha de desconcertar es lo cariñosa y sumisa que parece mostrarse ante su gato negro: Noche. Solo éste y Pistones, el perro de raza Teckel, parecen producir compasión y amor en la mujer.

Pero aún siendo así, Julia Arjona confiará en nosotros y nos abrirá su corazón y sus recuerdos. Precisamente será a través de sus recuerdos como conozcamos a otros personajes como Horacio Arouet, Andrés Benavente, Elisabeth Rhys o Emmanuel Dubon. Dejaré que seáis vosotros los que conozcáis a estos personajes, que no tienen despercidio, os lo aseguro.

Pero nuestro viaje no termina aquí...continuará...ya lo creo que continuará.

Pero antes de marcharnos a nuestras casas y alejarnos de los malos humos de Julia Arjona, permitidme que os confiese un pequeño secreto: uno de los personajes presenta características psicopáticas muy claras (¡es el auténtico psicópata!). Os animo a que le descubráis entre las páginas de la novela. ¿Quién será? Si la duda os reconcome...¡buscad, buscad!





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